• Nutrióloga Priscila Guzmán

"Ayuno intermitente: beneficios e inconvenientes en la práctica clínica"

Por: Lic. en Nut. Priscila Guzmán Rodríguez

El aumento en la población que padece sobrepeso u obesidad ha desencadenado en el desmedido aumento de personas que buscan alternativas “rápidas” de pérdida de peso y por consecuente, la aceptación de charlatanes que ofrecen practicidad en sus “métodos para adelgazar” sin considerar los efectos sobre la salud y dejando de lado la educación nutricional.

Existen diferentes formas en que puede establecerse el tratamiento nutricional de una persona, todas igual de efectivas siempre y cuando exista reestricción calórica y educación nutricional continua que promueva una pérdida de peso progresiva. El presente, tiene como objetivo exponer los principales beneficios e inconvenientes que tiene la restricción de ingesta alimentaria (RIA) dentro de la cual se encuentra el ayuno intermitente.

El ayuno intermitente se entiende como· un patrón alimentario que consiste en alternar periodos de ingesta con periodos de ayuno de forma más o menos estructurada, los cuales pueden clasificarse según su implementación en: ayuno prolongado o con restricción calórica, ayuno con restricción del tiempo o ayuno en días alternos.[1]

Los hallazgos científicos se encuentran divididos entre aquellos que ofrecen datos de control alimentario y lipogénesis regulados por el SNC (Sistema Nervioso Central) y tejido adiposo en humanos y aquellos que además tienen variaciones en la dieta (distribución de macronutrimentos) así como aquellos validados en animales (los cuales no se exponen en el presente).


Considero importante exponer como ejercicio en la práctica clínica, solo aquellas modalidades de ayuno intermitente que tienen evidencia de haber mostrado algún cambio en la composición corporal o en el estado anímico, entre las que se encuentra: la DIA (dieta que imita el ayuno), DAA (día de ayuno alternado), DAAM (día alternado de ayuno modificado), RCI (reestricción calórica intermitente) y AH (ayuno durante horas).

La DIA muestra eficiencia en reducción de peso, glucosa, triglicéridos, IGF-1, colesterol total, LDL, PCR y presión arterial sistólica en un grupo control de población sana durante un lapso de tres meses.

El DAA consiste en una restricción total, seguido de realimentación a voluntad al día siguiente, por periodos que van desde una a diez semanas. Se validan resultados en su aplicación sobre sujetos obesos (4 hombres/12 mujeres) durante 10 semanas, lo que desencadena en reducción de peso y niveles aterogénicos.

El DAAM consiste en el consumo de 25-50% del GET en los días de ayuno, seguido de libre acceso a alimento durante los días de realimentación (125%). Se evidencia reducción de peso, reducción de insulina/leptina/marcadores inflamatorios, descenso en la adherencia en un grupo control de sujetos que cursaban con sobrepeso y obesidad en un lapso de estudio de ocho semanas.

La restricción calórica intermitente (6 días de restricción/ 1 día de ayuno intermitente) o restricción de uno o dos días por semana, continuos o alternados, con reestricción al 25-30% del gasto energético total (GET), muestra reducción de grasa corporal y grasa localizada (visceral).

Por último, el ayuno durante horas (AH) varía ampliamente en el lapso de tiempo, entre 8 y 22 horas, siendo práctica común omitir el desayuno o la cena, logrando la movilización de grasa durante el periodo de ayuno, sin embargo, se nota descenso en la adherencia al plan de alimentación en etapas posteriores.

En la práctica clínica, la duración de su implementación es muy diversa, pudiendo prolongarse de dos semanas a seis meses; lo anterior depende del historial clínico del paciente, de la aceptación a la modalidad, de la eficacia en no mostrar signos clínicos de importancia y claro, el resultado que el profesional en nutrición visualice como expectativa a corto o largo plazo.


Entre los efectos satisfactorios se identifica: regulación de homeostasis energética, mediada por la secreción de la grelina y el glucagón en el estomago y el páncreas respectivamente durante el periodo de ayuno; reducción de la masa grasa y circunferencia de cintura tras la intervención, sin embargo, a pesar de que algunos estudios coinciden con esos hallazgos, cuando el tejido adiposo es analizado a nivel celular y molecular, las consecuencias del tratamiento no parecen favorables.


Entre los principales inconvenientes: incremento en el apetito y disminución del gasto energético por efecto de la actuación de hormonas que informan al hipotálamo del descenso de nutrientes, con lo cual son activadas neuronas orexígenas,neuropéptido Y (NPY) y proteína relacionada a agouti (AgRP), pudiendo promover modificaciones en el control de la homeostasis energética; pese la reducción de grasa corporal, la literatura muestra resultados negativos en las señales que regulan la ingestión de alimentos en los centros hipotalámicos. Por lo cual, esta estrategia de pérdida de peso conlleva a perjuicios para la salud debido a la sobreexpresión de neuropéptidos orexígenos acompañados de mayor ingestión alimentaria en respuesta a los prolongados periodos de ayuno; aumento en la expresión de enzimas y factores de transcripción que promueven de novo lipogénesis y adipogénesis, tales como: ácido graso sintasa (AGS), proteína de unión a los elementos regulatorios de esteroles 1 (SREBP-1), estearoil-CoA desaturasa 1 (SCD1) y PPARγ; así como de la lipoproteinlipasa (LPL), involucrada en la lipólisis; alteración en los patrones de alimentación (incremento en el consumo alimentario) lo que se considera como un riesgo de desarrollar obesidad androide, dislipidemias y esteatosis hepática no alcohólica.


Si bien la RAI surge como una alternativa a las dificultades presentadas para mantener la dieta hipocalórica, los estudios en humanos no indicaron adhesión al régimen, concluyendo en dificultad para realizar esta dieta por períodos prolongados; lo anterior desencadena en compulsión alimentaria, compensación del consumo calórico en los días de alimentación ad libitum, la consecuente recuperación de masa corporal y aumento del estrés, lo que la la coloca como una estrategia inconsistente con el fin de pérdida de peso cuando se utiliza de manera aislada, especialmente por la escasa investigación en sus efectos a largo plazo sobre el SNC.[2]


La información en torno a este tema, nos ayudará a tomar decisiones críticas para el establecimiento adecuado en el seguimiento nutricional del paciente. Al igual que la dieta cetogénica, la RAI independientemente de sus variaciones tiene efecto sobre la pérdida de peso, sin embargo, el ajuste calórico (positivo o negativo según sea el caso) y la educación nutricional, muestran tener similares resultados en cuanto a reducción de la masa corporal y específicamente sobre la masa grasa, siendo la forma más eficaz y recomendada de pérdida de peso a largo plazo.

[1] Rosas, F.M. et al. (2018). Restricción alimentaria intermitente: repercusiones en la regulación de la homeostasis energética hipotalámica y tejido adiposo. Anales de la Facultad de Medicina. 79 (4), 331-337. [2] Pousada, D, M.A. (2020). Beneficios del ayuno intermitente: revisión sistemática. Revista Médica Ocronos. 3 (1)

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