• Nutrióloga Priscila Guzmán

Edulcorantes artificiales: riesgos para la salud, ¿mito o realidad?

Por: Lic. en Nut. Priscila Guzmán Rodríguez

Muchos son los debates hechos acerca de la temática de los edulcorantes artificiales: riesgos para la salud, recomendación en niños y adolescentes, eficiencia en el tratamiento nutricional del paciente, ingestas recomendadas, tipos y diferencias entre los que ya están aprobados, uso en el embarazo, etcétera., sin embargo, se hace más viable exponer los datos corroborados en investigaciones para implementarlo de manera eficiente en la consulta nutricional, de forma que el paciente obtenga datos concretos y reales, evitando con ello especulaciones y creencias falsas.

Las definiciones concuerdan en afirmar que el término edulcorante es un aditivo alimentario acentuador del sabor, es decir, que mimetiza el efecto dulce del azúcar sin aportar energía.[1] Actualmente, los aprobados en México son: aspartame, acesulfame potásico, aspartame, sucralosa, sacarina, glucósidos de esteviol (estevia), climatos, alitame y neotame.[2]

Su uso se ha extendido en la actualidad por el aumento en la incidencia de enfermedades crónico degenerativas como la Diabetes Mellitus (DM) sugiriendo una reducción en el consumo de azúcares y en general, en el aporte calórico de la dieta, permitiendo un descenso en el peso corporal, disminución de ansiedad y retraso en la formación de caries dentales; motivo por el cual, expertos en el área de la salud han difundido su uso. Pese a lo anterior, es necesario ahondar en los posibles riesgos sobre la salud, entre los que figuran: interferencia en la absorción de nutrientes, posible reacción alérgica, efectos sobre la flora intestinal normal, alteración de regulación de la glucosa en la sangre, alteración en el apetito, incidencia en el aporte energético e interacción con otros fármacos.

La interferencia en la absorción de nutrientes se basa en el efecto de hacer menos permeable el paso para algunas moléculas en el organismo, además de inducir un vaciamiento lento independientemente de los efectos osmóticos e impedir la liberación de péptidos a nivel del tubo digestivo; la reacción alérgica está más evidenciada en pacientes con fenilcetonuria; la flora intestinal se ve dañada en cantidades excesivas (polialcoholes) que pueden irritar la mucosa del intestino, con ello se hace menos eficiente la colonización por bacterias benéficas; energéticamente se sugiere que un alimento endulzado con edulcorantes, puede poseer más calorías provenientes de otros macro nutrimentos (lípidos y proteínas), lo que sobreestimaría las calorías contenidas en el producto; en cuanto a el apetito, el efecto que causa el sabor dulce puede desencadenar en una alteración del umbral de saciedad y estimulación de los receptores del gusto, creando adicción al sabor dulce.

Todos los efectos antes mencionados tienen un amplio campo de estudio en el cual es necesario ahondar, solo cabe hacer énfasis en que la mayoría de los estudios que afirman tales riesgos son experimentales en ratones, y se ha comprobado que los efectos en humanos son nulos o contrarios; además de que, para que sean aprobados se debe obtener una serie de autorizaciones que figuran como “filtros”para garantizar la seguridad sobre la salud del consumidor.

En conclusión, se descarta lo siguiente[3]: a) no hay variación en el peso de quien lo consume en tanto se fomente la IDR y sea complementario a un plan de alimentación planificado por un profesional (Licenciado en Nutrición); b) los edulcorantes no calóricos (climato y aspartame) no son perjudiciales en niños y adolescentes si se administran antes de un tiempo de comida: calidad de la evidencia A; c) no se encuentra constancia estadística que establezca la relación de su uso y la Insuficiencia Renal Crónica (IRC) como desencadenante: calidad de la evidencia C; d) no existe contraindicación en pacientes que cursan con IRC, incluso en tratamiento sustitutivo con hemodiálisis: calidad de la evidencia A; e) los aminoácidos del aspartame no llegan al intestino y solo a dosis altas (mayores a la IDR) pueden ocasionar cambios en la flora intestinal; f) estudios avalados sobre el uso de aspartamo y estevia sugieren que los sujetos que lo consumieron, presentaron niveles similares de saciedad respecto a aquellos que no lo usaron. Además, según la Academia de Nutrición y dietética, después de realizados diversos estudios, se concluye que su uso es seguro para consumo humano, pues, como se dijo anteriormente, los experimentos notaron que los efectos negativos eras asociados a la especie animal (en este caso, los ratones) y que no son compatibles con el ser humano.

Finalmente, para adecuar todos los posibles riesgos en la consulta nutricional, bastaría preguntarnos si realmente una persona promedio rebasa la ingesta diaria recomendada. Un estudio referido a la ingesta de edulcorantes en adultos y niños concluye que, de la población estudiada, el 97.5% de los adultos y el 98.8% de los niños tuvieron ingesta dentro del nivel seguro en cada edulcorante y que solo el 5.8% e adultos y 25% de los niños que cursaban con diagnóstico de diabetes, excedieron la IDR de sacarina, lo que sugiere seguir indagando sobre nuevas investigaciones que permitan esclarecer si esto tiene efecto sobre la salud.

Parece que la educación nutricional sigue siendo la primera vía de acceso para una comprensión clara sobre las creencias falsas que giran en rededor de diferentes temáticas, allí radica la labor del nutriólogo: ser una vía eficiente de información para el paciente. Lo anterior solo se logará con conocimiento científico, estar sentado detrás de un escritorio y frente al paciente es un acto meritorio, pero también de amplia responsabilidad profesional.

[1] García, J.M., etal. (2013). Una visión global y actual de los edulcorantes. Aspectos de regulación. Nutrición Hospitalaria, 28 (4), 17-31. [2] Velasco, A., etal. (2017). Análisis de la evidencia disponible para el uso de edulcorantes no calóricos. Documento de expertos. Medicina interna de México, 33(1), 61-83. [3] Ibidem. Velasco, A., etal. (2017).

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