• Nutrióloga Priscila Guzmán

¿Es la industria refresquera la verdadera causante de la obesidad y de sus enfermedades?


Por: Lic. en Nut. Priscila Guzmán Rodríguez

En los últimos días ha sido reiterativo la acusación sobre la responsabilidad de las empresas que expiden comida chatarra al contribuir directamente a la actual epidemia de obesidad y las enfermedades crónicas transmisibles que se desprenden de aquélla. Particularmente se acusa a la industria refresquera como los responsables directos. Candentes debates han tenido lugar en diferentes medios; por un lado, tenemos al subsecretario Hugo López-Gatell y compañía que acusan directamente a las empresas refresqueras como los responsables directos de la presente epidemia de obesidad; por el otro lado, los representantes de la industria refresquera arguyen que tales comentarios sólo estigmatizan a un sector que cumple a “pie de juntillas” todas las normas y regularizaciones en México. Dado lo anterior cabe cuestionar si en realidad esto es el caso, es decir, ¿en verdad las empresas transnacionales son los únicos responsables de la obesidad y de las múltiples enfermedades que se desprenden de ella? O más bien, ¿la epidemia de la obesidad tiene no una causa univoca, sino que son múltiples los factores que la producen?

La tesis que quiero defender es que cualquier enfoque que pretenda hablar de una causa que produzca la epidemia de obesidad en el mundo y en particular, en la sociedad mexicana, está siendo reduccionista, pues no considera factores no triviales que contribuyen al aumento de la obesidad (por ejemplo, los factores sociales, culturales, político y económicos), por lo que al abordad el tema de la obesidad se vuelve más complejo de lo que aparenta ser.

En primer lugar, presentaré un breviario histórico alimentario del país. Enfatizaré en los factores que detonan el cambio de alimentación en los últimos cuarenta años; posteriormente, haré hincapié en los ya conocidos factores causantes de la obesidad. Lo anterior no dará un panorama para comprender el hito que marcó la intromisión de las grandes empresas expedidoras de comida chatarra con el propósito de analizar el impacto sobre la epidemia actual. Finalmente daré una breve conclusión, en tanto retórica, con miras a la contribución en el debate del interesantísimo tema de la obesidad.


La historia del proceso alimentario está influenciada por cambios en organización social, política, ideológica e incluso religiosa en determinados momentos en la sociedad. La primera revolución alimentaria se identifica con la habilidad de la caza y el uso del fuego, lo que permite acceder al consumo de carne y a la cocción de alimentos; la segunda brecha se estableció en el Neolítico, momento en que la agricultura se extiende, lo que permite al acceso a una variedad de alimentos y como consecuencia, al sedentarismo; la revolución mercantil marca un hito importante, pues desencadena la entrada del comercio como actividad; posteriormente, se producen cambios sociales de importancia en los que se hace una disgregación visible entre las comunidades rurales y urbanas, especialmente la urbanización requirió aumentar el comercio y con ello las mejoras en las infraestructuras de comunicación. Justo en este momento fue en que el maíz (cuyo uso ya se había extendido) tiene realce a nivel comercial junto con el uso de la papa; la revolución de la caña de azúcar se utilizo para endulzar bebidas que manaban como el té, café y el chocolate; hasta llegar a la transformación de alimentos y la revolución del transporte.[1] Como se puede visualizar la situación actual tiene bases históricas que se tienen que considerar para entender la transformación de la sociedad y la entrada de la comercialización de comida "chatarra".


Teniendo como base lo anterior, destaco como factores en el cambio de alimentación: el tipo de actividades laborales (sedentarias), jornadas laborales exhaustivas y demandantes, poco tiempo para la preparación de alimentos, cambio en el rol social de la mujer (inserción al campo laboral), implantación de cadenas industriales a las que fácilmente se tiene acceso, aspectos psicológicos, etcétera. Si a lo anterior le sumamos los constituyentes que teóricamente conocemos como el factor genético, ambiental, conductual, metabólico y hormonal, el problema es cada vez más complejo.


El factor ambiental es el que se analiza de manera aislada justo por la influencia que tienen las empresas transnacionales en la epidemia de la obesidad. Dicha influencia se ve regida por una serie de características: son empresas que se extienden en todo el mundo, trabajan con cantidades impresionantes de producto, tienen población objetivo, estrategias de venta y generan “accesibilidad” para su consumo. Se pueden mencionar muchas, pero resalto de manera especial a Coca-Cola, Pepsi, Mc Donals, Burger King, Nestlé, Kellogs, etcétera. El artículo intitulado, “Mortality attributable to sugar sweetened beverages consumption in Mexico: an update”[2], estima que las bebidas azucaradas causan el 12% de los casos registrados de diabetes y enfermedades cardiovasculares, así como muertes por cáncer causadas por obesidad; esta cifra en una revisión posterior se ve subestimada con una actualización del 19%. En adultos mexicanos de 20 años y mayores, el 6.9% de todas las causas de mortalidad fue atribuible al consumo de bebidas azucaradas, lo que representa 40,842 muertes en exceso / año. Además, el 19% de la mortalidad por cáncer relacionado con diabetes, ECV y obesidad fue atribuible también a ello, lo que representa 37,000 muertes en exceso / año. De estos, el 35,6% estaban relacionados con la diabetes.

Si bien es cierto que reducir el consumo de bebidas azucaradas y de alimentos con alta densidad energética expedidos por estas grandes empresas representa una mejora en salud, no obstante, es solo uno de los componentes de la mala alimentación que se asocia al 50% de muertes en México, es decir, que, aunque estas grandes empresas son parte del problema, no lo son todo si analizamos que la enfermedad de obesidad es multifactorial. Por ello, insisto, que no se puede ser reduccionista, pues, si consideramos, por ejemplo, a las comunidades urbanas, se podría afirmar (sin generalizar) que el acceso a alimentos saludables es mayor, sin embargo, es sabido que existen comunidades rurales en las que es inexistente la provisión de productos básicos para una vida digna como el agua, razón por la cual la industria refresquera tiene un a importante presencia (adjunto vídeo), lo que se traduce en inseguridad alimentaria y, por tanto, impide el acceso a alimentos que garanticen su salud. Así, de un problema en apariencia pequeño se vuelve cada vez más complejo, si le añadimos el factor Estado, que figura como actor que ha permitido una mala gestión de los alimentos básicos, y a su vez, ha contribuido en dar libertad a las grandes empresas transnacionales.


Quiero terminar con algunas palabras retóricas a manera de debate. El culpabilizar solo un factor de los múltiples causantes de la obesidad significa no visualizar el problema como lo que es: una complejidad fisiológica, social, política y económica; se necesita análisis profundo para formular una opinión, lo que es bien cierto, es que ante este monstro disfrazado de diferentes nombres (Coca-Cola, Pepsi, Mc Donals, Burger King, Nestlé, Kellogs) aún queda como esperanza la educación nutricional y la demanda incansable y urgente de políticas públicas que de manera paulatina reduzcan su consumo.

[1] Sociología del sistema alimentario (2016). Historia de la alimentación. Consultado el 24 julio 2020 en https://sociologiadelsistemaalimentario.wordpress.com/category/2-historia-de-la-alimentacion/ [2] Braverman-Bronstein, A., Camacho-García-Formentí D., Zepeda-Tello R., Cudhea, Gitanjali M. Singh F., Mozaffarian & Barrientos-Gutierrez (2019). Mortality attributable to sugar sweetened beverages consumption in Mexico: an update. International Journal of Obesity: 44, 1341-1349 (2020).

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