• Fomento de Nutrición y Salud

Nutrición y anorexia nerviosa

Elaborado por: MNC Andrea Flores Gamboa, LN RD Aránzazu Fernández, MNC Jessica Rosenstein



Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son parte de las enfermedades crónicas más frecuentes en adolescentes y mujeres jóvenes. Asimismo son enfermedades psiquiátricas que se caracterizan por tener una alteración definida del patrón de ingestión de alimentos o de la conducta sobre el control de peso, que produce un deterioro físico y psicosocial. En consecuencia aparece una desnutrición que afecta a todo el organismo y al funcionamiento cerebral, lo que perpetúa el trastorno mental.


La Anorexia Nerviosa (AN) es un padecimiento cuya incidencia y prevalencia va en aumento, favorecida por factores biológicos, psicológicos, familiares y sociales. Por lo que el manejo debe de ser interdisciplinario además de involucrar a la familia.

En México, debido a la complejidad para diagnosticar AN a nivel nacional, los investigadores se han enfocado a medir la prevalencia de las Conductas Alimentarias de Riesgo (CAR), dichas conductas incluyen: preocupación por engordar, los atracones con sensación de falta de control al comer, conductas alimentarias restrictivas (prácticas de dietas, ayunos, ejercicio excesivo y consumo de pastillas para adelgazar), purgativas (uso de laxantes, diuréticos y vómito auto-provocado) que tienen como fin la reducción de peso.

Anorexia Nerviosa


La AN se caracteriza por una gran reducción de la ingestión de alimentos indicada para el individuo en relación con su edad, estatura y necesidades vitales. Esta disminución no responde a una falta de apetito, sino a una resistencia a comer, motivada por la preocupación excesiva por no subir de peso o por reducirlo. En cuanto a los signos clínicos, las pacientes con AN presentan distorsión de la imagen corporal, emaciación, signos de desnutrición como piel reseca y fría, cabello frágil y seco, uñas quebradizas y cianóticas, además de lanugo (vello muy fino) en la cara, cuello, brazos, espalda y piernas. Además se puede observar mucosa oral con aftas y queilosis (lesiones en comisuras orales), cara demacrada, pálida o amarillenta, con ojos hundidos y sin brillo, así como pulso lento, tensión y temperatura baja.

Comportamiento alimentario en la AN


Generalmente la pérdida de peso se consigue por medio de la disminución de la ingestión total. Pero la mayoría de los pacientes que presentan este padecimiento por excluir de su dieta los alimentos con mayor contenido energético, quedándose con una lista muy reducida de alimentos los cuales se ingieren en pequeñas cantidades. Aunado a esto, suelen tener conductas purgativas (vómitos auto-inducidos, uso inadecuado de laxantes y diuréticos, potomanía (consumo exagerado de agua) o ejercicio excesivo.

También se ha observado que las pacientes con AN tienden a elegir los mismos tipos de alimentos en cada comida, esto debido al miedo a elegir alimentos que ellas consideran de alto valor energético o inadecuados. Estas conductas alimentarias persisten durante la recuperación a corto plazo.

Tratamiento del paciente con AN


La complejidad de este trastorno exige, para su diagnóstico y manejo, un abordaje interdisciplinario que incluya: psiquiatría, psicología (individual y familiar), gastroenterología y orientación alimentaria.

Dentro del manejo nutricio lo primero que se debe contemplar ante un cuadro de AN es determinar si se puede manejar desde un ambiente ambulatorio o si cumple con criterios de hospitalización.

Se sugiere que los pacientes con AN en programas ambulatorios o en hospital de día deberán tener una ganancia de peso de 500 g a 1 kg/semana. En cuanto a los niveles de consumo de alimentos se debe comenzar de 30 a 40 kcal/kg de peso al día lo que equivale a 1000-1600 kcal/día e ir aumentando progresivamente hasta 70-100 kcal/kg por día.


Por otro lado, para lograr un avance significativo en el tratamiento, es de gran importancia establecer una buena relación médico-paciente, para lo cual se diseñan planes de alimentación acordes a las características y preferencias de cada paciente, evaluación clínica incluyendo funcionalidad de los diferentes órganos, composición corporal inicial y actitud ante la comida. Así, dichos planes se establecen de acuerdo al requerimiento energético y una distribución apropiada de macro-nutrimentos (hidratos de carbono, lípidos, proteínas) que al traducirla a alimentos se fraccionan en 5 tiempos de comida: desayuno, colación media mañana, comida, colación media tarde y cena.


Se considera de gran ayuda informar al paciente que el plan de alimentación inicial se modificará mes con mes para alcanzar una prescripción alimentaria que pueda lograr la recuperación de un estado nutricio estable y la reestructuración de un patrón adecuado de alimentación.


Si es necesario se deberán utilizar suplementos alimenticios para completar la alimentación y lograr una ganancia de peso adecuada.


Dentro de la terapia de alimentación se busca que al momento de ingerir los alimentos el paciente lo haga en un ambiente sano y de armonía evitando discusiones sobre la comida. Por último, en la mayoría de los casos el empleo de un plan de alimentación, junto con una educación en nutrición será suficiente. Pero es necesario evaluar esto según la situación clínica de cada paciente. Para obtener mejores resultados, las indicaciones nutricias no sólo deben llevarse a cabo dentro de la clínica o en el lugar de tratamiento, sino que también deben implementarse en casa y se recomienda que la familia se involucre.

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