• Nutrióloga Priscila Guzmán

Obesidad, respuesta inmune y COVID-19

Por: Lic. en Nut. Priscila Guzmán Rodríguez

Desde el inicio de la pandemia se ha hecho notorio y reiterativo las características de la población más vulnerable para el nuevo virus SARS CoV-2, el mensaje es claro: aquellas personas que tienen sobrepeso, obesidad o alguna enfermedad crónica no transmisible asociada (Diabetes Mellitus, Hipertensión Arterial, Síndrome Metabólico, etcétera.) son más propensas a complicaciones en caso de enfermar.

Empezaré retomando los datos de la última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (2018) que más que informar debería alertar acerca de lo que está sucediendo en el país. Los que nos dedicamos a la consulta privada o consulta externa en alguna dependencia gubernamental sabemos que el mayor número de pacientes tiene como objetivo la pérdida de peso y que el exceso de peso está relacionado con una serie de hábitos inadecuados de alimentación, de actividad física y de salud en general.

Lo anterior se ve reflejado en que de los 82.7 millones población estudiada, el 10.4% (8.6 millones de personas) padezcan diabetes, 18.4% (15.2 millones) hipertensión, 75.2% sobrepeso y obesidad (combinados), teniendo como causantes directos la inactividad física (29% de la población entre 29 y 60 años de edad realizan menos de 150 minutos de ejercicio por semana- es decir, menos de lo recomendado solo por salud) y deficiente equilibrio entre los grupos de alimentos recomendados (preferencia de carnes y menos consumo de frutas y verduras) aunado al consumo excesivo de alimentos no recomendados entre los que figuran las bebidas azucaradas, botanas dulces, postres, cereales dulces, comida rápida, antojos, bebidas lácteas endulzadas y carnes procesadas. [1]

Pero, ¿por qué estos grupos de población son más susceptibles o qué relación tiene con la respuesta inmunitaria? Creo que todos lo sabemos, pero no nos hemos detenido propiamente a especificar de manera fisiológica por qué este virus es más agresivo en este grupo de población. Intentaré describir brevemente la relación de la obesidad con la respuesta inmune.

Ustedes recordarán que hace unos años atrás se habló mucho acerca de las investigaciones que suponían que la obesidad podía tener como precedentes rasgos familiares (genéticos), haciendo referencia al gen de la obesidad (OB) en 1950.[2] Una persona que cursa con sobrepeso u obesidad tiene un exceso de tejido adiposo, el cual se ha demostrado que no tiene solamente efecto sobre las reservas energéticas del cuerpo, sino que además es un órgano endocrino, es decir, tiene funciones hormonales que se relacionan justo con la producción de leptina. Anteriormente se creía que las personas con obesidad tenían disminuida la producción de leptina y por ello la ineficacia en identificar las señales de hambre-saciedad, después se corrobora que no es la deficiencia de leptina sino la desensibilización del receptor leptina la causante de una alteración en el apetito. En un ciclo normal la leptina estimula los monocitos, los cuales a su vez producen citocinas que estimularán la respuesta inmune celular del organismo (Linfocitos T) lo que genera una respuesta TH o una respuesta inmune, sin embargo, una persona con obesidad al no tener sensibilidad al receptor leptina, las células T detectan una “deficiencia de leptina” lo que desencadena en una disfunción del sistema inmune y, por tanto, presentan mayor riesgo de contraer infecciones, semejante a lo que ocurre en personas con desnutrición. Existe un esquema descrito por Friedman que especifica un ciclo práctico: la obesidad genera niveles de leptina altos que disminuyen la Th1, lo que desencadena en un Sistema Inmune disminuido y aumenta la susceptibilidad a infecciones.[3]

Lo anterior demuestra que la obesidad puede ser catalogada como una enfermedad relacionada con la inmunodeficiencia y, por tanto, representa un predictor de riesgo susceptible de enfermedad (en este caso COVID-19). La educación nutricional efectiva de manera aislada (en consulta) es un puente para la visibilización global del tema, combatir constantemente contra mitos y falsas creencias no es tarea fácil, pues aunque se supone que todos sabemos “cómo cuidarnos”, “qué es un estilo de vida saludable”, “que omitiendo ciertos alimentos se generan cambios corporales”, “que con la regulación en la ingesta y la práctica de actividad física se logra mucho”, la realidad es que las cifras de sobrepeso y obesidad siguen creciendo y, todas estas medidas de prevención, por ahora, están lejos de una actuación concreta y veraz individual que se visualice de forma colectiva. Como nutriólogos tenemos la oportunidad de generar cambios graduales, cada paciente que entra a consulta con determinación es una simiente que no en muchos años será una sementera.

[1] INEGI, INSP, SS (2018). Presentación de resultados Encuesta Nacional de Salud y Nutrición. Consultado en: https://ensanut.insp.mx/encuestas/ensanut2018/doctos/informes/ensanut_2018_presentacion_resultados.pdf [2] Frigolet, M,E,Vázquez Vela, (2006). Señalización de la leptina. Consultado en: http://www.facmed.unam.mx/publicaciones/ampb/numeros/2006/02/e_50_Leptina.pdf [3] Friedman, J, M.(1998). Leptin and regulation of body. Consultado en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3300407&pid=S02121611200400060000200011&lng=es

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